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| El presidente Hugo Chávez falleció el martes 05 de marzo de 2012 a las 4:25 pm en el Hospital Militar de Caracas | Foto: agencias | |
kenerbracho2012@gmail.com
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Estamos viviendo momentos
históricos en Venezuela. La fatídica muerte del presidente Hugo Chávez dejará
una marca indisoluble en la mente y el corazón de millones de compatriotas que
hallaron en él la esperanza de un futuro mejor. Pero también representa la luz
al final del túnel de miles de ciudadanos más, que esperaban con ansias la
salida del poder del hombre que atrasó al país por 14 años.
Esta escena bipolar en el
ambiente, este combate de sentimientos encontrados, estos días de bendiciones y
maldiciones para Hugo Chávez genera en mí una sensación de pesadumbre: nubla mi
mente, detiene por momentos mi corazón y me bloquea el pensamiento. Sin lugar a
dudas soy víctima de la reacción a la muerte del presidente que han manifestado
las dos corrientes políticas a las que me niego a identificarme.
Pero cómo no llorar el adiós
a un líder que cambió por completo el concepto de país al que estábamos
acostumbrados. Una nación que solo figuraba como el Estado tercermundista que
necesitaba ayuda de otros países por estar sumido en la pobreza extrema, hoy es
ejemplo por haber derrumbado aquel techo de miseria de 55,4 % en 1999 y estar
hoy en 27 por ciento.
Son miles de rostros:
hombres, mujeres y niños; vidas cambiadas por las misiones sociales que emprendió
Chávez con el firme propósito de brindarles una nueva realidad. Personal médico
y centros asistenciales que salvaron vidas, que llegaron a los sitios más
inaccesibles de ciudades y pueblos, y prestaron atención gratuita. De millones
de ancianos que ahora disfrutan su jubilación. Esta es mi propia realidad.
Pero esta no es toda la
verdad. Tengo que abrir mi mente y aceptar otras realidades. En todos estos
años de gobierno han sido asesinados miles de venezolanos a manos del hampa. Los
secuestros y extorsiones han destruido familias enteras. La inseguridad reina
ya en el inconsciente colectivo y se cobra miles de víctima a diario. Y más
lejos aún de mi percepción, muchos venezolanos tuvieron que marcharse del país
por sentirse perseguidos.
Cientos de empresas cerraron
sus puertas por expropiaciones, confiscaciones e intervenciones por parte del
Estado. Muchos emprendedores, pequeños y medianos empresarios se ven asfixiados
por las políticas de “economía socialista” y se ven forzados a reducir
personal, producir menos y hasta cerrar por no poder más. Así lo escucho de
parte de muchos de ellos. Esto produjo el declive del aparato productor del
país; una muestra de ello es la importación del 70 por ciento de los bienes y
servicios que usamos y consumimos.
A esto se le añade el actual
desabastecimiento imperante, esa búsqueda exasperante de los principales
alimentos y artículos de higiene personal que usamos a diario. En pocas
palabras, la calidad de vida de los venezolanos ha disminuido. Una dicotomía
casi inentendible: somos menos pobres, pues recibimos más dinero que hace
catorce años, pero podemos ahora hacer menos con éste.
Chávez siempre buscó el
bienestar de los pobres, pero desatendió los demás actores de la vida nacional.
Le declaró la guerra a los ricos, a los empresarios, a las élites sociales, a
los medios de comunicación privados; a los que iban de vacaciones a Miami, a
los que practicaban golf en el Lagunita Country Club en Caracas. Sentenció en
todos los aspectos a los que pensaban distinto a él. Instauró un apartheid político
dividiendo al país en dos, y dejando a miles más en el medio de la batalla de
ideas. Siempre he estado en esta última trinchera.
Chávez
mundial
A pesar de todos estos
matices políticos y sociales, la estampa del Chávez líder traspasó nuestras
fronteras y se transfiguró en toda América Latina y el mundo. Con su bandera
antiimperialista, se ganó el favor de potencias como China, con quien pactó
innumerables acuerdos económicos; Rusia, aliado estratégico en materia militar
y Bielorrusia, con el que mantuvo estrecha relación política. En Latinoamérica llevó
la espada de Bolívar desde Cuba hasta Argentina.
Despertó la unión de la
izquierda, nunca vista luego de la desintegración de la Unión Soviética. Ideó,
configuró y presentó alianzas latinoamericanistas como el Alba, la Celac y
Unasur. Estrechó fuertes lazos de hermandad con los pequeños países del Caribe
y los ayudó en su desarrollo. Y vio como un ejemplo a seguir a la bloqueada
Cuba, país al que confió su salud, en vez que al suyo propio. Entabló una
hermandad inquebrantable con Fidel Castro y siguió la línea del Socialismo como
modelo político.
En pleno duelo nacional,
decenas de países del mundo entero lamentan la muerte del líder de la
Revolución Bolivariana, que para mal o para bien, fue un proceso social que
cambió nuestra historia. Desde países tan lejanos como India y Vietnam,
instalaron altares con su esfinge en alto, como un héroe nacional más. El afán de
querer cambiar al mundo le sumo amigos, pero también se ganó enemigos.
Chávez detestó a Estados
Unidos por su política capitalista e imperialista. Mantuvo deficientes
relaciones diplomáticas con Washington, pero sin dejar de enviarle petróleo diariamente.
Los condenó por el mundo entero y culpó por la situación mundial. Quiso reconfigurar
la geopolítica mundial apartándose de la tradición de tener a USA como
principal aliado, y se abrió a nuevas opciones.
Sus detractores lo
desprecian por haber usado el petróleo como medio para comprar a sus aliados, y
pensándolo en frío, apartando el dolor a un lado, resultan ciertas estas
afirmaciones. Diariamente envía dos millones de barriles de petróleo a cuba y
otros millones más a Petrocaribe. Regaló miles de millones de dólares a países
amigos como Bolivia y Nicaragua, a pesar de que en Venezuela el sistema de
salud pública y de vialidad estaba –y sigue estando- en la decadencia.
No me explico cómo no se dio
cuenta, y de haberlo notado, no haber actuado a tiempo para luchar con fuerza
con estas deficiencias. ¿Cuántos venezolanos murieron por no haber contado con
atención médica en los hospitales tradicionales? ¿Cuántos nuevos centros de
salud del sistema Barrio Adentro están ahora sin insumos y sin médicos? ¿Cuántas
personas, como yo, que dependen del sistema de salud pública, afrontan las
dificultades de tener a un familiar enfermo, y se ven forzados a gastar miles
de bolívares en insumos porque no los hay en los hospitales? Una exhalación de
resignación mitiga mis miedos.
Es difícil equilibrar mis
concepciones humanistas y mundialistas, deseosas de vivir en mejores
condiciones, de igualdad social y de oportunidades; en otras palabras, con esa
vena izquierdista heredada por mi abuelo y por mi padre -que también es el
ideal de Chávez- con las desastrosas condiciones de vida en las que vivimos
ahora. De nuevo surge este sentimiento de incertidumbre. Solo lo supero con
lágrimas, con deseos de un futuro mejor.
Es quizá por esa condición que
me aparté de la política y no quise saber más sobre el polarizado estado en el
que se encuentra el país. El silencio se adueñó de mis pensamientos y no quise
comentar más mi opinión sobre el tema político. En un país en el que preguntar
si estás de acuerdo o no con el sistema político te etiqueta inmediatamente
como chavista u opositor, me niego a integrarme a alguna de las dos opciones. A
pesar de ser un vulgar ni ni, sí tengo conciencia social y política.
El
adiós
Para todas estas está demás
decir que admiré las inigualables capacidades discursivas y de liderazgo
carismático que poseía el ahora fallecido presidente Hugo Chávez. De su tesón y
su inquebrantable fuerza para luchar contra medio mundo que lo odiaba y deseaba
su deceso. Lloro amargamente su partida porque ahora el equilibrio de los
pueblos oprimidos pierde a un teórico, a un retórico de primera línea, al que
puso en primer lugar al otro antes que a su propia persona.
Pero con su muerte paga los
sufrimientos de las personas a las que perjudicó. Por eso en el Doral, Miami,
miles de venezolanos celebraron su deceso y aspiran cambios políticos en el
país. Aquellos a quienes despidió de Pdvsa, que ahora residen en Estados Unidos
y Colombia representan una esperanza. Los que se fueron, como dije al
principio, sienten que con su partida tienen posibilidades de venir de nuevo.
En nuestro propio país miles
de personas no se suman al duelo nacional. Sienten que con la muerte de Chávez ahora
se abren nuevos horizontes para el país. Minutos después del terrible anuncio
del martes 05 de marzo de 2012, a las 5:25 de la tarde, alguien me dijo que “ahora
si vivirás en un mejor país”. Deseo que sea así, que con la partida de Chávez,
los caminos de una nueva nación florezcan y nos enrumbemos definitivamente a
tiempos mejores.
En este mediodía caluroso,
con las imágenes de dos millones de personas dando el último adiós a un líder, conteniendo
el dolor de una pérdida irreparable, esperando el turno para ver por última vez
al máximo líder de su Revolución Bolivariana y del Socialismo del siglo XXI, me
obligo a pensar en el futuro. Cierto amigo partidario de Chávez me dice que “una
persona así nace cada 200 años”, le respondo en tono de consuelo que “por lo
menos pudimos conocer uno”.
Jueves 07 de marzo de
2012
13:37
horas
